COLOMBIA, ¿ESTADO LAICO?

La pregunta es pertinente, porque de la Espriella ha manifestado que librará una “batalla cultural” para fomentar “la creencia en dios”.

Por: FERNANDO SANTACRUZ CAICEDO

8/17/2026

De la Espriella orando
De la Espriella orando

El descubrimiento/conquista del territorio colombiano (1499-1550) fue una empresa predadora adelantada con las armas españolas, bendecidas por la iglesia católica. Caracterizaron el período: subyugamiento de los pueblos originales; aniquilamiento de sus culturas; saqueo de sus riquezas, particularmente el oro; destrucción de su organización económica/sociopolítica; e, imposición de nuevos valores. El régimen colonial (1550-1810), consolidó la sujeción/disminución de las comunidades aborígenes; la “evangelización de los salvajes”, sustituyó su cosmovisión ancestral por las creencias cristianas; impulsó la minería aurífera, como principal actividad económica, y las labores agropecuarias extensivas; estableció una sociedad jerárquica, estamentaria; la iglesia católica trascendió su función espiritual y ejerció el poder temporal –recordar al arzobispo-virrey Caballero y Góngora en la Insurrección Comunera (1781)-. Las guerras de independencia política, se desarrollaron entre 1810-19. La República se instituyó en 1819 y en el gobierno de Nuñez (1887) se celebró el primer concordato, entre el Estado colombiano y el Vaticano, vigente hasta 1973, año en el que se suscribió uno nuevo, ¡hoy parcialmente válido! Dicho tratado declaró “el catolicismo como religión oficial de Colombia”, entregó a la iglesia la “educación”, el manejo de los “cementerios”, el control de “registro civil”, y creó un régimen de “indisolubilidad” del matrimonio católico.

¿Es Colombia es un Estado laico? La pregunta es pertinente, porque de la Espriella ha manifestado que librará una “batalla cultural” para fomentar la creencia en dios”. Durante sus estrambóticos “retiros espirituales”, de rodillas y circundado por su domesticado gabinete, rugió “el tigre”: “para construir una gran nación hay que poner a Dios en el centro de cada decisión”. ¿Acaso el felino se creyó dios? ¡Exhibirse es un ritual consciente cargado de propósitos políticos, un acto de arrogancia pueril, superflua, vacua y ordinaria! Secundado por sus eminencias creyentísimas, las ministras de educación -Vivian Morales-, quien declaró que “es necesario sacar a Marx de los colegios para meter a Dios”; y, la de cultura -Paola Holguín-, lumbrera sapientísima que afirmó que es “imposible gobernar rectamente al mundo sin Dios y sin la Biblia”, fingen de mala fe que tales aseveraciones son acordes con la libertad de conciencia/cultos, consagrada por nuestra Carta Política (art. 19). El presidente “outsider” ¡quiere conseguir celebridad instantánea!, conforme escribió, recientemente Mauricio García V. –El Espectador, 8-9/08/2026-, en su artículo “Fama sin Méritos”: “la auto-exhibición en una forma de existencia. Por causa de ello, y con ayuda de la tecnología digital, muchos exhibicionistas sin talento se han empoderado hasta el punto de gobernar países, dirigir empresas o fungir de héroes o profetas”. Abelardo “promete más de lo mismo: jactancia, imagen y espectáculo, desconectados del mérito”.

En los Estados auténticamente laicos existe separación total de poderes entre las actividades gubernativas y las religiosas; gobierno e iglesias funcionan autónomamente. El Estado NO otorga un estatus oficial a ningún culto ni religión, es completamente neutral; NO financia, ni apoya, ni discrimina a ninguna congregación o religión específica. El acatamiento de los derechos fundamentales orienta la expedición del corpus normativo civil, sin que medie ningún dogma de fe; los individuos tienen absoluta libertad de conciencia/culto; pueden escoger/profesar la doctrina que a bien tengan, cambiarla o no tener ninguna. La educación pública es secular; el Estado NO impone, ni enseña doctrinas religiosas particulares. Todas las personas gozan de idénticos derechos, independientemente de sus creencias o de la ausencia de ellas; las leyes del país rigen para todos los ciudadanos, sin ningún tipo de privilegios para los grupos religiosos.

Los Estados confesionales reconocen oficialmente como propia una religión concreta, tanto en su Constitución como en sus leyes; tienen vínculos formales con una fe particular. Nombran explícitamente una fe oficial –Vgr. islam, católica-, como religión del Estado, razón por la cual los gobiernos destinan fondos públicos para sostener la institución oficial, templos y clérigos. Los principios y postulados de la religión estatal influyen directamente en la creación del ordenamiento jurídico civil. Los símbolos religiosos están presentes, generalmente, en los espacios públicos; y, los festivos calendados corresponden a celebraciones de la religión estatal. La libertad de practicar credos diferentes al del Estado, tienen diversos grados de restricción –público/privado- o prohibición.

Según el constitucionalista Rodrigo Uprimny –El Espectador, 8-9/08/2026-, “Colombia es constitucionalmente un Estado laico”, de acuerdo con las sentencias C-350/94 y T-124/2021 de la Corte Constitucional. La laicidad “logra la paz religiosa”, tolera la convivencia pacífica entre individuos de “distintas creencias” y “protege a las propias religiones” de la indebida interferencia del poder político. El analista político Hernando Gómez B. –Ibídem-, expresa: la Constitución del 91 “NO creó un Estado laico”, sino que “acabó con el Estado confesional católico”. El Estado “garantiza la libertad religiosa, reconoce el valor público de la religión y establece relaciones especiales con las iglesias”. Nuestra CP invoca en su Preámbulo “la protección de dios”, pedimento contrario a la ideología laica. Además, “autoriza convenios de derecho público con las iglesias, les reconoce un estatuto jurídico singular y les concede beneficios que no reciben organizaciones seculares”, estableciendo: i- discriminaciones, “predica igualdad entre las creencias, pero practica privilegios. ii- La constitución del 91 “NO abolió el confesionalismo, lo atomizó”; deviniendo la iglesia católica dominante en 12 mil congregaciones cristianas politizadas con poder de negociación con los gobiernos, porque manipulan millones votos. iii- existen “miles de cultos” mangoneados arbitrariamente por pastores inescrupulosos que, tras la “protección de la libertad religiosa”, abusan de su rebaño. Sintetizando: Un Estado que otorga prerrogativas a las iglesias; que utiliza las creencias religiosas, con finalidades políticas; que no vigila la “libertad de culto” y transige con los abusos, ¡ES UN ESTADO CONFESIONAL! A mi juicio, ambas posiciones se complementan y Gómez Buendía, al hilar muy fino, se aproxima más que Uprimny a la realpolitik.

En Breve, desde la conquista de Colombia hasta el presente la espada (Estado) siempre ha marchado junto a la cruz (Iglesia) y entre ambos han disfrutado los gajes del poder. La permisividad de la iglesia para implantar la servidumbre/esclavitud –excepción hecha de Bartolomé de las Casas y Pedro Claver-, así lo prueba. La traición de la iglesia católica a la causa Comunera para mantener sus prerrogativas, lo ratifica. La vinculación de ilustres clérigos a las luchas por la emancipación nacional y social –Andrés Rosillo, Domingo Belisario Gómez, Camilo Torres Restrepo, etc.-, lo confirma. Estado/Iglesia, un binomio inquebrantable al servicio de la opresión popular. Aquel a quien se proponen “sacar de las aulas” y afirmó que “la religión es el opio del pueblo”, enseñó que las doctrinas religiosas son una especie de anestésico que ayuda a los menesterosos a soportar condiciones de vida inhumanas, inculcándoles esperanzas de progreso, bienestar y prosperidad, después de la muerte. Es imperativa la total separación de Estado/Iglesia de forma que el primero se ocupe de la plena satisfacción de las necesidades materiales, intelectuales y culturales de los gobernados; y, la segunda les proporcione elementos para llenar sus vacíos metafísicos. Hasta hoy, ¡la iglesia ha sido soporte sine qua non del Estado colonial, republicano y neocolonial!

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Popayán, Cauca, Colombia

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