ETIOLOGÍA “HUMANISTA” EN MARX-ENGELS PARTE III

Capital; trabajo, como mercancía humana; salario; tierra; propiedad privada, como trabajo y capital; actividad humana, como capital y trabajo

Por: FERNANDO SANTACRUZ CAICEDO

4/21/2026

Marx Engels
Marx Engels

6- Capital; trabajo, como mercancía humana; salario; tierra; propiedad privada, como trabajo y capital; actividad humana, como capital y trabajo.

El trabajador es fuerza de trabajo y tal fuerza produce capital. A su vez, el capital produce al trabajador, convierte sus atributos en mercancía, vale decir que sus cualidades humanas existen “en función del capital”. De ahí que, una de las finalidades del salario sea el mantenimiento del productor directo. La propiedad privada contiene en sí misma una doble relación: (i) como trabajo, (ii) como capital y su interacción recíproca. Durante el desarrollo antagónico de la relación capital/trabajo podemos diferenciar que capital/tierra, utilidades/renta, salarios, industria/agricultura, corresponden a fases históricas específicas de dicha contradicción; e, inferir que, la tierra –per se-, sin capital, carece de valor, que el origen de la riqueza se encuentra en el trabajo humano: “El trabajador produce capital y el capital lo produce a él. Así se produce a sí mismo y el hombre como trabajador, como mercancía, es producto de todo el proceso. El hombre es simplemente un trabajador y como trabajador sus cualidades humanas sólo existen en función del capital, que le es ajeno” (Manuscritos económicos y filosóficos -1844-, Segundo Manuscrito, K. Marx, Ediciones Estudio, Buenos Aires, 1972). “La producción no sólo produce al hombre como mercancía, la mercancía humana, el hombre en el papel de mercancía; de acuerdo con este papel lo produce como un ser mental y físicamente deshumanizado. […] Su producto es la mercancía con conciencia de sí y capaz de actuar por sí misma” (Ibíd.). “Las necesidades del trabajador se reducen, pues, a la necesidad de mantenerlo durante el trabajo, para que no desaparezca la raza de los trabajadores. En consecuencia, los salarios tienen exactamente el mismo significado que el mantenimiento de cualquier otro instrumento productivo y que el consumo de capital en general de modo que pueda reproducirse con intereses” (Ibíd.). “La relación de la propiedad privada incluye en sí, en estado latente, la relación de la propiedad privada como trabajo, la relación de la propiedad privada como capital y la influencia mutua de ambos. Por una parte, está la producción de la actividad humana como trabajo, es decir, como una actividad que es ajena a sí misma, al hombre y a la naturaleza; y, ajena, en consecuencia, a la conciencia y la realización de la vida humana; la existencia abstracta del hombre como simple trabajador que se sumerge todos los días de su nada realizada a una nada absoluta, a una no existencia social y, por tanto, real. Por otra parte, está la producción de objetos del trabajo humano como capital, en el que se disuelve toda característica natural y social del objeto, en donde la propiedad privada ha perdido su cualidad natural y social (y ha perdido, pues, todo disfraz político y social y no aparece siquiera ligado con las relaciones humanas) y el mismo capital permanece igual en las condiciones naturales y sociales más variadas, que no tienen relación con su contenido real” (Ibíd.). “La distinción entre capital y tierra, utilidades y renta de la tierra y la distinción de ambas de los salarios, la industria, la agricultura, la propiedad privada mueble e inmueble, es una distinción histórica, no inscrita en la naturaleza de las cosas. Es una etapa determinada en la formación y desarrollo de la antítesis entre capital y trabajo” (Ibíd.). “Sin capital, la propiedad de la tierra es algo sin vida y sin valor. Es la victoria civilizada de la propiedad mueble el haber descubierto y creado el trabajo humano como fuente de riqueza, en vez de la cosa sin vida” (Ibíd.).

7- Conciencia social; papel activo del hombre en el proceso histórico; práctica revolucionaria; uso de la fuerza; el hombre, artífice/producto de la historia; historia, como “autocreación”; “cosificación”.

Marx-Engels sostuvieron que la conciencia propicia el conocimiento de la realidad, de las necesidades auténticas y los ideales contenidos en ellas. Siempre asignaron al hombre un papel activo en el proceso histórico: “Las circunstancias las hacen cambiar los hombres”; y, agregaron que “La coincidencia del cambio de las circunstancias con el de la actividad humana […], sólo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica revolucionaria” (La ideología alemana, K. Marx/F. Engels, Ed. Pueblos Unidos, Montevideo, 1968), praxis que encierra el concepto de la fuerza. La democracia occidental es resultante de las rebeliones acaecidas en Inglaterra, Francia, Norteamérica, revoluciones sociales que transformaron dichas sociedades mediante la toma del poder político por la fuerza. Hoy occidente, cuna del imperialismo y los regímenes oligárquicos autoritarios, desautoriza la implementación de la fuerza, so pretexto de que es una expresión terrorista y antidemocrática, distorsionando el por qué, por quiénes y contra quiénes va dirigida. La idea de la revolución violenta tiene raigambre pequeñoburguesa (clase media) y fue rebasada por Marx-Engels con la enunciación de su método histórico, mediante el cual elucidaron que la fuerza política, per se, NO puede producir las transformaciones requeridas, mientras el proceso sociopolítico NO esté suficientemente desarrollado: “La violencia es la comadrona de toda sociedad vieja que lleva en sus entrañas otra nueva” (El Capital, T.I). Marx-Engels rebatieron el poder creador de la fuerza política, por sí misma, pero enfatizaron su importancia transitoria en la instauración de un nuevo orden social y en la transformación de la sociedad existente.

*Para Marx-Engels el hombre puede variar el curso de la Historia que, a su vez, lo transforma y convierte en producto suyo. Es la historia de la autorrealización del hombre a través del proceso de su trabajo productivo: “Lo que se llama historia del mundo no es más que la creación del hombre por el trabajo humano […], prueba evidente e irrefutable de su autocreación” (La ideología alemana, K. Marx/F. Engels, Ed. Pueblos Unidos, Montevideo, 1968). Cuando el hombre adquiere conciencia de sí, camina hacia la verdad de sí mismo y de su mundo, le encuentra sentido y goza su vida. La independencia/libertad para Marx-Engels, se basan en el acto de autocreación. El hombre es independiente si afirma su individualidad en cada una de sus relaciones con el mundo –percepciones sensoriales, sentir, reflexionar, anhelar, amar, etc.-; y, es realmente libre, cuando es libre de y libre para.

El hombre es dominado por el mundo de las cosas y por las circunstancias políticas y sociales, creadas por él: “Una consecuencia directa de la enajenación del hombre del producto de su trabajo, de su actividad vital y de su vida como especie es que el hombre se enajena de los demás hombres.[…] La afirmación de que el hombre se enajena de su vida como especie significa al hombre enajenado de los otros hombres y a cada uno de los otros, a su vez, enajenado de la vida humana” (Manuscritos económicos y filosóficos -1844-, Primer Manuscrito, K. Marx, Ediciones Estudio, Buenos Aires, 1972). El hombre enajenado se separa de los demás hombres, de su ser como especie en sus cualidades naturales y espirituales. El trabajo enajenado, “enajena al hombre de su propio cuerpo, de la naturaleza externa, su vida mental y su vida humana” (Ibíd.). No obstante, las condiciones de desarrollo capitalista en las que Marx-Engels vivieron, conjeturaron que las cosas y circunstancias creadas por el hombre lo dominarían. Así lo prueban, los dispositivos atómicos de destrucción masiva y las actuales instituciones políticas de sojuzgamiento planetario.

8- Propósito del socialismo; “desenajenación” del trabajo, de la naturaleza y de sí mismo; producción racional; necesidades “naturales”; el hombre “socializado”; la “libertad”, como independencia; abolición de la propiedad privada universal.

Conforme a Marx-Engels, el propósito del socialismo es el Hombre; el establecimiento de una forma de producción y organización de la sociedad libre de la enajenación del trabajo, del producto, de sí mismo, de sus semejantes y de la naturaleza. El hombre desenajenado NO “domina” la naturaleza, se identifica con ella. Instaura un modo de producción en el que pueda retornar a sí mismo y percibir el mundo con sus propias facultades. La producción racional, asociada y controlada por la humanidad –planeación, participación activa, realización de la “democracia” real-, esto es la sociedad desenajenada, el hombre dueño y creador de su propia vida. El socialismo es la condición de la realización humana: “El reino de la libertad sólo empieza allí donde termina el trabajo impuesto por la necesidad y por la coacción de los fines externos; […] El hombre civilizado, a medida que se desarrolla, desarrollándose con él sus necesidades extiende el reino de la necesidad natural, pero al mismo tiempo extiende las fuerzas productivas que satisfacen aquellas necesidades. La libertad, en este terreno, sólo puede consistir en que el hombre socializado, los productores asociados, regulen racionalmente su intercambio de materias con la naturaleza, lo pongan bajo su control común […] en las condiciones más adecuadas y más dignas de su naturaleza humana” (El capital, T.III).

El socialismo supera la enajenación; crea las condiciones para moldear un Hombre racional, independiente, activo y realmente LIBRE. Su meta primordial es reconocer las verdaderas necesidades humanas, vale decir, aquellas cuya satisfacción son necesarias para realizar su esencia humana. El socialismo es condición esencial para materializar las necesidades espirituales del hombre, para abolir su enajenación y recuperarlo como auténtico ser humano.

*El socialismo es una sociedad en la que la persona está libre de sometimiento al Estado, al partido político, la burocracia u organización empresarial: “El comunismo […] no es el fin del desarrollo humano” (Manuscritos económicos y filosóficos -1844-, Tercer Manuscrito, K. Marx, Ediciones Estudio, Buenos Aires, 1972). Según Marx-Engels, el socialismo es el requisito para la realización de la vida, el pleno ejercicio de las capacidades humanas –físicas, mentales, espirituales-, consideradas como fin en sí mismo: el hombre libre de las penurias económicas y la indigencia espiritual; el individuo desenajenado, recobrado como verdadero ser humano como consecuencia de eliminar la enajenación en la sociedad socialista. Es la libertad entendida como independencia, en una sociedad que satisface las auténticas necesidades del hombre para realizar su esencia, diferenciadas de las necesidades artificiales desvinculadas de su naturaleza. Durante su proceso histórico el hombre afirma sus cualidades típicamente humanas: armonía con su propio género, con natura, consigo mismo, fundado en el hecho de ¡haberse creado a sí mismo!

El trabajo constituye la esencia subjetiva de la propiedad privada y, por ello, la economía política lo considera como su postulado fundamental; y, a ésta, la enfoca como resultante del movimiento de la industria moderna, la cual se transforma en poder que subordina la conciencia. “Es sólo en esta etapa cuando la propiedad privada puede consolidar su dominio sobre el hombre y convertirse, en su forma más general, en el poder de la historia universal” (Ibíd.). “Pero el trabajo, la esencia subjetiva de la propiedad privada como exclusión de la propiedad y el capital, trabajo objetivo como exclusión del trabajo, constituyen la propiedad privada como la relación desarrollada de la contradicción y, por tanto, una relación dinámica que conduce a su resolución” (Ibíd.). De donde se infiere que, “el comunismo es la expresión positiva de la abolición de la propiedad privada y, […], de la propiedad privada universal” (Ibíd.). “El comunismo es la abolición positiva de la propiedad privada, de la autoenajenación humana y, por tanto, la apropiación real de la naturaleza humana a través del hombre y para el hombre. Es, pues, la vuelta del hombre mismo como ser social, es decir, realmente humano, una vuelta completa y consciente que asimila toda la riqueza del desarrollo anterior. El comunismo, como naturalismo plenamente desarrollado, es un humanismo y, como humanismo plenamente desarrollado, es un naturalismo. Es la resolución definitiva del antagonismo entre el hombre y la naturaleza y entre el hombre y el hombre. Es la verdadera solución del conflicto entre la existencia y la esencia, entre la objetivación y la autoafirmación, entre la libertad y la necesidad, entre el individuo y la especie. Es la solución del dilema de la historia y sabe que es esta solución” (Ibíd.).