TEORÍA Y PRAXIS DEL MODERNO COOPERATIVISMO
El movimiento cooperativo debe redefinir su teoría, formas de organización, métodos de trabajo, para participar en la definición de un nuevo esquema de desarrollo nacional.
Por: FERNANDO SANTACRUZ CAICEDO
7/14/2026


El Maestro Antonio García dedicó 17 obras extensas y un sinnúmero de artículos al estudio teórico-práctico de la cuestión cooperativa. Destaco “El cooperativismo como teoría y práctica histórica en el mundo contemporáneo”* (Bogotá, marzo 10 de 1975), texto poco difundido del cual reseño aspectos que mantienen plena validez.
Según García, “La cooperación como teoría científico-social, como filosofía humanista, como ideología de las clases trabajadoras o como metodología de organización social y económica, no puede escapar a los procesos de diferenciación de los diversos sistemas de vida… El nuevo punto de partida tiene que ser el conocimiento, análisis e interpretación de la experiencia histórica, de las concepciones, problemas, aspiraciones, sistemas de valores de los Tres Mundos –“países capitalistas plenamente desarrollados”, “formaciones socialistas” y “países atrasados y dependientes”-, ya que en cada uno de ellos se configura un modelo histórico de cooperativismo, un conjunto integrado y coherente de teoría científica, ideología social, métodos y normas cooperacionales, de acuerdo con la naturaleza y objetivos de cada sistema de vida y con las condiciones peculiares y propósitos nacionales de cada país” (Ibídem).
La Teoría Cooperativa/Métodos de Organización Social, surgió en el Siglo XIX en la fase creciente de la revolución industrial europea, y expresó “los problemas y grados de desarrollo científico, social e ideológico” de las fuerzas sociales emergentes de la sociedad capitalista. Dos líneas de pensamiento dividieron el cooperativismo de ese entonces: i- el utopismo –“república cooperativa”: ideada por el economista francés Charles Gide, quien propuso cambiar el capitalismo por una sociedad donde las cooperativas fueran dueñas de toda la agricultura/industria/comercio, con el objetivo de eliminar la pobreza y la competencia injusta-; y, ii- el pragmatismo –optimización de la economía capitalista y mejoramiento del nivel de ingreso de los trabajadores/consumidores-. El sindicalismo –trade unionism- inglés asociado al movimiento cooperativo fundó el partido Laborista, difusor de una nueva concepción de democracia política/económica/social, enseñó a aplicar determinados principios filosóficos a las necesidades específicas de los trabajadores en un contexto histórico concreto.
La época moderna emergió entre la primera conflagración mundial imperialista y la segunda posguerra, pasando por la gran depresión capitalista orbital en la tercera década del Siglo XX, distinguida por el surgimiento de formas novedosas de organización social, nuevas formaciones económicosociales y el inicio de una “revolución teórica, nueva concepción de las ciencias sociales, de la filosofía y revisión de valores considerados ecuménicos” (Ibídem).
La primera guerra mundial desató profundas transformaciones en América Latina –revolución nacional popular, México, 1910; gobiernos populistas, Argentina/Uruguay-; África/Asia –procesos de descolonización-; Europa -revolución rusa, 1917- y ascenso del “obrerismo”, etc., modificaciones de las que brotaron formaciones económicosociales conforme a sus exigencias/procesos revolucionarios, probando que la cooperación se realiza con arreglo a las condiciones/necesidades específicas de cada país, por cuanto el cooperativismo NO es una “teoría universal”; de otra parte, las modernas investigaciones sociales develaron los engaños de “la ciencia elaborada y exportada por la metrópoli, …descubriendo su oculto trasfondo ideológico y su validez restringida a una cierta formación histórica” (Ibídem).
La gran depresión (años 30) alteró las ideas cooperativas y sus formas de implementación en Europa capitalista y Norteamérica, país donde surgió/extendió la praxis cooperativa del crédito industrial/comercial, como efecto de la consolidación monopolista del mercado, la conglomeración empresarial y las crisis cíclicas del capitalismo. En los países escandinavos se articularon las doctrinas socialdemócratas con su organización socioeconómica, circunstancia que permitió cooperativizar la producción agropecuaria e importantes sectores de la economía nacional.
La segunda conflagración mundial ocasionó transformaciones revolucionarias que reformaron la estructura planetaria: Europa Oriental –organización socialista-; Asia/África –revolución china, procesos emancipatorios-; Europa Occidental –cambios democráticos cualitativos-; USA –conformación de transnacionales y nuevos mecanismos de dependencia-; confrontación entre dos superpotencias: URSS Vs. EE.UU.; nacimiento de potencias multinacionales -Comunidad Económica Europea-. Tales acontecimientos se reflejaron de distintas maneras en Latinoamérica: a) consecuencias sociopolíticas de la independencia en África/Asia, instauración de la RPChina, triunfo políticomilitar de las revoluciones en Corea del Norte y Vietnam. b) revoluciones nacionalistas –populares/socialistas- en Bolivia, Cuba, Chile, Perú. c) marchitamiento del modelo liberal/populista: Brasil, Uruguay, Argentina; fracaso del “desarrollismo” -confusión teórica entre crecimiento económico –incremento de las tasas de expansión del producto por habitante- y desarrollo social –“transformación radical de las condiciones económicas, sociales y políticas de una sociedad en su conjunto”-. d) formación de una “ciencia social y de un pensamiento crítico auténticamente latinoamericano, capaces de investigar, descubrir e interpretar las leyes de operación y transformación de nuestras sociedades, redefiniendo la problemática del atraso, la dependencia y el desarrollo y adoptando una propia perspectiva para ver los problemas del mundo contemporáneo” (Ibídem).
A los arquetipos de sindicalismo pragmático y cooperativismo de crédito, ahorro y comercio, impuestos desde la metrópoli –USA-, encaminados a modernizar el capitalismo y expandir sus patrones de consumo, se opusieron otros modelos extranjeros -soviético (koljós), chino (comuna popular), yugoeslavo (zadruga), israelí (kibutz), etc. Asimismo, se enfrentaron aquellas tipologías originadas en el análisis científico de las realidades/necesidades/anhelos concretos de las sociedades latinoamericanas, que pretendían implementar sus prototipos de organización económica, social, cultural, estatal, etcétera. Dicha realidad histórica obligó a definir las grandes categorías del cooperativismo contemporáneo: i- existencia plural de “conceptos, formas, métodos y estructuras, cuyo común denominador es la filosofía social que asocia y sintetiza los objetivos del humanismo liberal y del humanismo socialista” (Ibídem); ii- vigencia histórica de la cooperación, dependiente “de la capacidad de adecuarse a las condiciones/problemas concretos de las diversas sociedades”; iii- inexistencia de un “cooperativismo universal, en cuanto sujeto a unas normas únicas… cuya originalidad consiste en su capacidad plástica de adaptarse al sistema de vida… que define los perfiles teóricos, ideológicos y metodológicos de esos tipos de cooperativismo que deben instrumentar las estrategias de liberación y desarrollo de los países atrasados y dependientes” (Ibídem).
Para mitigar los efectos de la gran depresión, el gobierno colombiano impulsó el modelo norteamericano de cooperativas de crédito, comercialización y consumo. Cuarenta años después (años 70), con una considerable población asociada en cooperativas, NO puede predicarse que el cooperativismo “haya ganado ninguna capacidad de decisión económica, frenado el proceso de polarización social y progresiva concentración del poder económico y político, atenuado las inexorables leyes de distribución social del ingreso o neutralizado la inflación sobre los ingresos reales de las clases medias, obreras y campesinas… En el orden político, las federaciones y confederaciones cooperativas NO han ejercido influencia alguna sobre los órganos de conducción social y económica del Estado, la distribución del presupuesto público o el funcionamiento de sus agencias comerciales y financieras”. Abreviando: “sin capacidad de presión nacional o de confrontación política, el cooperativismo perdió la posibilidad de transformarse en un sector decisivo de la economía nacional y de conformar un sistema propio de canales de financiamiento… Se trata de un cooperativismo sin iniciativa, sin autonomía en la toma de decisiones nacionales, sin poder real y sin capacidad crítica… Estas son las consecuencias históricas de que el cooperativismo carezca de teoría propia, de ideología propia, de rumbo propio, de capacidad de investigación e interpretación de las sociedades latinoamericanas, así como de descubrimiento de formas originales de organización económica y social” (Ibídem)… Tres “incapacidades” expresan la marginalidad global del cooperativismo: i- “incapacidad crítica de trazar una teoría y una estrategia de desarrollo económico y social independiente”; ii- “incapacidad teórica e ideológica de revaluar y adaptar los principios “universales” del cooperativismo; iii- “incapacidad práctica de organizar un sector cooperativo de la economía nacional” (Ibídem).
Los países latinoamericanos que adelantaron cambios estructurales, demostraron que el cooperativismo puede ser un “tercer sector de la economía nacional” e implementar formas originales de organización social: México –sistema ejidal cooperativo, colectiva de crédito, cooperativa de participación estatal-; Bolivia -1952/60, cooperativas de producción agraria, industrial y minera, integradas en estructuras superiores de comercialización, industrialización y financiamiento-; Cuba –cooperativas de participación estatal, granjas del pueblo, cooperativas de servicios-. En los tres casos mencionados existió un proyecto de sector cooperativo de la economía nacional, porque: i- adaptaron críticamente sus principios “universales”, a la realidad concreta de cada país; ii- definieron formas, relaciones y modos de operación, con autonomía de funcionamiento económico; integraron estructuras secundarias y terciarias; participaron activamente en órganos de conducción del Estado; iii- fijaron normas/relaciones entre los sectores estatal/cooperativo/privado, conciliada la necesidad de un “modelo político de desarrollo nacional independiente”.
El desarrollo del movimiento cooperativo nacional se mide por la autonomía de acción estratégica y el soporte democrático fundamentado en la planificación económica, gestión colectiva y plena participación social. Esta praxis histórica posibilita establecer los “principios” de la cooperación: a) normas esenciales, identifican la filosofía social y formas de organización cooperativa –adhesión voluntaria; gestión democrática; distribución del producto social, de acuerdo con la actividad realizada por los asociados-; b) normas derivadas, desarrollan los “principios” de acuerdo a la naturaleza de cada marco social –duración, capital variable/ilimitado, número de socios-; c) reglas prácticas de administración, aseguran la liquidez -cooperativas de consumo-, evitan guerras de precios con cooperativas de producción/comercialización-; d) neutralismo político/religioso, rechazan las prácticas discriminatorias/absolutistas, a fin de fortalecer la cohesión social interna; NO es neutral, en lo referente al proyecto histórico que impele. La educación cooperativa –NO es un “principio”-, sino su condición de aplicación y de internalización en la conciencia social –formación crítica, capacitación ideológica, adiestramiento en técnicas/métodos de organización-.
En los países dependientes/atrasados –caso colombiano- el cooperativismo formula la liberación social de las clases trabajadoras y de toda la nación, aspecto en el cual difiere radicalmente del cooperativismo europeo/norteamericano. En América Latina el cooperativismo expresa/instrumenta una estrategia de desarrollo nacional independiente, en tanto que desarrollo/dependencia son términos excluyentes. El cooperativismo como teoría/estrategia de liberación/desarrollo “es la noción del sector cooperativo como tercer sector de una economía nacional en proceso de transición… Esta teoría dialéctica constituye la vértebra de una concepción del cooperativismo como estrategia de desarrollo nacional… El análisis de los procesos de concentración en los diversos sectores de la economía colombiana, del sector privado y la organización estatal, permite afirmar que el movimiento cooperativo debe redefinir su teoría, formas de organización, métodos de trabajo, para participar en la definición de un nuevo esquema de desarrollo nacional independiente y capaz de integrar los objetivos económicos y sociales… El dilema es simple: constituirse en el más nuevo, coherente y dinámico sector de la economía nacional, o conservarse como una estructura de complementación del sistema actual de mercado y de empresa privada” (Ibídem). Lo primero implica: i- reformular la teoría del cooperativismo, desde la perspectiva de liberación de las clases trabajadoras y una nueva estrategia del desarrollo nacional; ii- investigar científicamente los métodos aplicables, organización y mecanismos de operación, partiendo de la formación social colombiana existente; iii- integrar todas las estructuras cooperativas -educación/comunicación social; participación directa en recursos tecnológicos/financiamiento; producción/distribución/consumo; iv- conformar un “Consejo de Planificación Cooperativa” que regule la transferencia de recursos, flujos/relaciones en los diferentes niveles de la estructura; v- establecer la autonomía teórica, ideológica y operacional del movimiento cooperativo y sustituir el sistema de relaciones de dependencia vigentes por uno nuevo de relaciones interdependientes; vi- crear una organización educacional integral –primaria, media, superior-, que asuma la responsabilidad de los programas de educación cooperativa y estructure una Universidad Cooperativa para el Desarrollo.
(*) Material suministrado por el Dr. Carlos Rugeles Castillo, curador de la trascendental/extensa obra de Maestro Antonio García Nossa.
UBICACIÓN
Popayán, Cauca, Colombia